Había oido hablar de ello aunque nunca me dio por investigar. Hasta uno de esos días aciagos en los que parece que el mundo se acaba. Nervios, tensión, estrés, en definitiva, ¡lo mejor para tu sistema nervioso! Dos clicks al ratón bastaron. Ahí estaba. La página se titulaba “La Vida Slow”. 

Sonaba bien aunque algo utópico. Eso de desacelerar y disminuir nuestro ritmo de vida es muy bonito pero no acababa de convencerme. O al menos eso me pareció. Con la mirada fijada en la pantalla y durante unos segundos, estuve inmerso en una nube de pensamientos. No recuerdo nada. Sólo que no eran muy positivos. Acababa de toparme con una debilidad. Porque todo lo que me vino a la cabeza, no eran, en realidad, más que excusas para no tener que enfrentarme a tanto cambio.

Reducir prioridades, romper hábitos, desaprender para volver a aprender… Demasiadas responsabilidades, demasiados apegos, demasiados compromisos como para emprender ahora ese nuevo camino. Quizás sea más fácil así, tratar de convencerme de que no es para mí, de que ya es tarde. 

Pronto me topé con el test. Bueno al menos lo fue para mí. En realidad no eran más que los principios y consejos fundamentales del movimiento. No lo dudé. Allá voy, pensé. A ver que tal mi vida slow…

“Respetar las horas de sueño. Dormir lo necesario. El sueño es la actividad reparadora psíquica y física por excelencia”.

Vaya, la primera en la frente. ¡Si duermo más de 6 horas seguidas es que es domingo! Tantas cosas por hacer y tan poco tiempo. Tendré que revisar uno de mis lemas. Ese que le tomé prestado a Benjamín Franklin, uno de mis personajes favoritos: “Ya tendrás todo el tiempo del mundo para dormir cuando estés muerto”. ¿A lo mejor no estaba tan en lo cierto, no?

“Ingiera una dieta con alto contenido en frutas y verduras y bajo contenido en grasas”.

Bueno, esto está mejor. Como sano, rápido, pero sano. Progreso adecuadamente.

“Practicar algún hobby que le dé tranquilidad. (Yoga, relajación, pintar, escuchar música, cultivar una huerta, etc.)”.

Hobby, hobby, no sé. Más bien actividades, pero ahora que lo pienso, todas suelen tener una finalidad. Hago deporte aeróbico para soltar lastre, físico y mental, escucho música cañera cuando quiero motivarme, investigo y leo para aprender. Aunque ciertamente, sí hay algo que me relaja. Pasear al amanecer por los arrozales de La Islapueblo cercano al límite de la nada, donde, en los 80, solía pasar las vacaciones en casa de mis abuelos. Lástima que no lo haga más a menudo.

“Realizar una actividad física moderada (caminar o nadar por ejemplo), por lo menos tres veces a la semana”. 

La cosa mejora. Actividad física, sí. Moderada, más bien no. Practicar spinning es todo lo contrario, pero me gusta, con lo cual, nada que objetar.

“No saturar la agenda de actividades, todo puede esperar”.

Cero, cateado, me toca repetir curso. Ya os contaré de aquí a un año si he logrado aprobar esta asignatura. Seguid por estos lares, que os mantendré informados.

”Durante las vacaciones, disfrute tranquilamente sin embarcarse en múltiples y agotadoras actividades diarias (excursiones, visitas, rutas, salidas permanentes, etc.)”.

¡Matrícula de honor! En esto soy un maestro. Dedico al menos 10 días de mis vacaciones a no hacer nada. NADA. Tumbona. Para los que ya estéis pensando en lo aburrido que soy, os diré que me quedan otros 21 días…

“No mirar el reloj a cada rato, de ser posible, no utilice reloj de pulsera. Los fines de semana no ponga el despertador. Despiértese a la hora natural solicitada por su organismo”.

Aprobado, casi nunca llevo reloj y raramente miro la hora. En el móvil y sólo cuando se trata de cumplir con la puntualidad. Ah, y me levanto sin despertador. Reloj biólogico, la fuerza de los hábitos.

Eran bastante más, referente al trabajo, las amistades, el amor, el sexo, etc… Pero desistí, había tenido suficiente. Ese mismo día me propuse pasar a la acción, cambiar algunas de mis viejas prácticas y consolidar nuevos hábitos. De todos ellos, conservo al menos uno y me doy por satisfecho.

Si bien en ese momento, y viendo lo lejos que estaba del objetivo, llegué a sentir algo de frustración, pronto entendí que no se trataba de reducir mi ritmo de vida sino mi propio ritmo interno. 

Pararse, pensar, enfocarse y marcar tu ritmo, el que más te convenga, el que mejor te siente. No dejes de hacer las cosas que te has propuesto, en el plazo que te hayas marcado. Y sobre todo no hagas de esta maravillosa filosofía de vida, de esa lentitud, una simple excusa para no ir en busca de tus objetivos y de tus sueños. Ya sabes, vida slow sí, pero no te detengas. 

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