¿Que es el coaching?

Has oído hablar de ello. Seguro. Esta palabra te suena, aunque nunca fuiste más allá. ¿Coach? Entrenador, ¿no?

O quizás sepas algo más. ¡Hasta podrías ser uno de ellos! En todo caso, no te importaría averiguar algo más sobre el coaching o al menos oír otro punto de vista.

Seas quien seas, te diré algo. Trataré de no aburrirte con definiciones que bien podrías encontrar en internet. Hoy te daré mi visión sobre el coaching, mi propia interpretación. Será el primero de varios posts, todos ellos dedicados a esta especialidad. Irán surgiendo, intercalados entre otros recursos blogueros, a medida que me surja la inspiración…

Pero antes de empezar te diré que es una pena… Es una pena porque como coach, sé que poca gente me necesita. A mi o a otro compañero. ¿Sabes por qué? Porque pocas personas tienen claro cual es su propósito, su verdadero objetivo. Pocos tienen algo diferente por lo que luchar. Algo, claro, que no sean los hijos, la familia, el día a día… Quieren, pero creen tan poco en sus sueños, que más bien parecen utopías.

Cierto es que todos queremos avanzar y lograr grandes cosas. A todos los niveles. Alcanzar nuestro peso ideal, cambiar de empleo, de cuidad, etc… Hasta que harto de pelear sucumbimos y optamos por el camino de la excusa y la evasiva. Escapamos y nos exculpamos de todo quedando libres de toda responsabilidad. Craso error entonces el pensar que nuestros hábitos nocivos son el origen de tanta coartada y subterfugio. En realidad, todo es más profundo. Y aquí entran en juego nuestras creencias y paradigmas, pero esto es harina de otro costal… y tema de otro post.

No te equivoques, hoy en día lo más fácil es ser uno más, del montón. Nadar y guardar las ropas. Ya sabes el famoso “virgencita que me quede como estoy” no sea que se nos estropee el invento, o mejor dicho, tu dulce y placentero existir.

Siento ser tan duro pero aquí hay mucho de realidad.  Doy por hecho de que mi discurso no será del agrado de todos, ni mis ideas ni mi forma de motivar. Demasiada provocación, demasiada incitación. Es posible.

Pero te diré una cosa: este blog no es para todo el mundo. Y menos para el que no asume su realidad. Así que si eres de esos, no te quedes. Este sitio no es para ti. Siempre lo he dicho, mejor o peor estoy donde estoy porque hice lo que había que hacer para llegar hasta aquí. Y si no estoy donde quisiera estar es porque no hice lo que había que hacer para ello. Aún. Punto, no hay más. Todo lo demás sobra.

Afortunadamente, no siempre es así. Están también los que se despiertan cada mañana, sabedores que no tienen el mejor de los puestos, la mejor formación, la mejor vida, pero que han decidido responsabilizarse e involucrarse.

A todos estos, mi enhorabuena. Emprendieron el camino correcto, el que les llevará a la plena satisfacción personal, para muchos una de las mil caras de la felicidad.

El resto, no desesperen. Tengo algo para vosotros. Tengo algo para ti. Pero te lo advierto, hoy debe ser el último día de tu vieja vida. El primera de tu nueva vida.

Ese algo es el Coaching.

El coaching es para aquel que, harto de seguir abrumado por el peso de su verdad, desea renovarla. Para el que está dispuesto a asumirla primero para luego enfrentarse a ella. Para el que quiere conocerse a sí mismo y superar sus miedos y limitaciones.

Y para seguir huyendo de las definiciones convencionales, te diré que una de las mejores formas de definir un concepto, el coaching en este caso, es describiendo lo que no es. A ver si eres capaz de descubrir lo que sí es.

Como bien sabes, todos tenemos la necesidad de contar nuestras vidas, de ser comprendidos, hasta compadecidos. Pues lo siento. Tengo malas noticias para ti. No esperes eso de un coach. Para eso están la familia y tu pareja. Él nunca familiarizará contigo. El coaching es todo menos una conversación entre conocidos. Podrá demostrarte empatía, ponerse por un momento en tu piel, su cliente, pero nunca ocupará tu sitio ni se hará cargo de tu responsabilidad.

Otra cosa que nos encanta hacer es aconsejar, recomendar. Nos hace sentir bien. Y útiles. Tampoco esperes eso de tu coach. Vete en busca de tus colegas, te irá mejor. En ocasiones la buena fe de unos hace errar a otros. Cada momento, cada situación, cada persona es un mundo y lo que es válido para unos no siempre lo es para ti. En todo caso, y si es eso lo que buscas, visita un experto en el tema. Un asesor por ejemplo. Te asegurarás objetividad y profesionalidad.

Asimismo, a diferencia de un terapeuta, tampoco estudiará tu pasado para resolver tu presente. Al contrario, tratará los problemas del hoy para despejar el mañana. No hay diagnóstico ni tratamiento. Al menos como lo entienden esa ciencias.

En el coaching personal, las dos partes tienen la misma importancia. No hay maestro ni aprendiz. El coach te escuchará pero no te juzgará. No es su trabajo. Ni debe, nadie es perfecto, ni puede, demasiada responsabilidad y atención a prestarte como para dedicarse a eso. Para él, lo que dice el coachee no es ni bueno ni malo. Simplemente es.

Basándose en la interrogación contínua, tratará de ayudarte a encontrar tu propia vía. Ojo, ayudarte, no influenciarte. No te dará sus propias soluciones, las que él crea son las válidas. Hará que las descubras. Sabe que tu tienes los recursos suficientes para ello. Tratará de que veas las cosas desde otro prisma, diferente del que tenías hasta ahora, aunque siempre tuyo. Lograrás tu propia verdad, no la del coach, ni la de tu madre, ni la de tu pareja. La tuya.

De eso trata el coaching personal, life coaching en inglés. “Entrenador de vida”, ahí es nada. Pero recuerda, el coaching no es el elixir de la felicidad. Nadie lo ha descubierto aún. A nosotros nos basta con tu compromiso…

 

 

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