La procrastinación o el arte de dejarlo todo para el último momento. ¿Os suena de algo? Que tire la primera piedra el que no haya aplazado en algún momento alguna llamada, tarea o recado. ¿O incluso y mas preocupante aun, un cambio de rumbo. ¿Personal o profesional quizás? ¡No seré yo quien la lance! Al contrario, soy bastante dado a ello.

Aunque desde hace un tiempo me he propuesto ponerle remedio a la enfermedad. Empezando por las pequeñas cosas del día a día, hasta ir cogiendo soltura en esta nueva habilidad y lanzarme a por mayores retos.

Porque, créanme, es una enfermedad. De hecho, la razón principal por la que no logramos nuestras metas es la procrastinación. Dicho de otra forma, la dejadez. No hacer lo que sabemos que tenemos que hacer crea en nosotros sentimientos de culpabilidad que poco a poco van erosionando nuestra autoestima. Somos conscientes de que vamos en contra de nuestros intereses y pese a ello persistimos. Cedemos a las primeras de cambio so pretexto de que ya es tarde o de que no está suficientemente bien rematado. Denle entonces las gracias a la procrastinación, producto en este último caso del perfeccionismo.

El mundo está repleto de personas brillantes, cultas, habilidosas, que sin embargo aún están a la espera de alcanzar sus objetivos, sus logros personales. Simplemente se resignaron a aceptar su vida, una vida donde no tienen cabida ni sueños ni proyectos de un pasado demasiado lejano, enterrados bajo años de conformismo. Y cuando digo el mundo soy benévolo conmigo mismo. ¿Y contigo quizás?

Acabar con esta pequeña maldición es uno de los objetivos que muchos de nosotros nos planteamos alguna vez. Hasta que acabamos postergando el querer dejar de postergar. ¡Quién da mas!

¡Actúa, ahora! nos aconseja desde cualquier buen libro de autoayuda. ¡Que fácil decir y tan difícil cumplir! Cierto, pero uno no se percata de lo poderoso que es el tomar acción hasta ese preciso momento. Lo he podido comprobar. Prueba error, prueba error, es la única forma de avanzar. Toma acción, aunque sea un simple gesto, una simple frase. La mayoría de las veces el momento para actuar es en caliente, cuando las emociones están a flor de piel. Porque si lo dejas, ya te puedes ir despidiendo de tu proyecto. El mañana se convierte en pasado mañana, el pasado mañana en el fin de semana, y así sucesivamente hasta que acabas convenciéndote de que tampoco era tan buena idea. ¿Sabes a que me refiero?

Leí una vez, que “la derrota personal mas profunda que sufren los seres humanos la constituyen la diferencia entre aquello en que uno era capaz de ser y aquello en que, de hecho, se ha convertido”. Bonitas palabras. ¿Valerosas verdad? Y crudas. Al menos para mi. Si bien lo son cada vez menos, aun me sorprendo pensativo y dubitativo al oírlas.

Porque como tantos otros, intento avanzar por el camino del autoconocimiento, el que te permite cambiar lo que no te gusta. O aceptarlo. Pero no te equivoques, no hay un camino. Hay muchos, tanto como personas dispuestas a recorrerlos. Cada cual ha de avanzar a su manera, empleando sus propios conocimientos, sus propias habilidades. La cuestión es: ¿Estás en el camino?

“Que tarde es comenzar a vivir cuando hay que abandonar la vida”. Séneca

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