¿Que tendrá que ver mi mesita de noche con el logro y el desarrollo Personal? A primera vista nada, pero en realidad más de lo que parece. ¿Sabes por qué? Sencillamente porque tu mesita de noche es un poco el reflejo de tus gustos, de tus pasiones, en definitiva de ti.

La mía ha cambiado drásticamente en los últimos años. Y no es que haya cambiado de modelo. Sigue siendo la misma. Pero no lo que encontrarás sobre ella. A primera vista observarás que está repleta, pero eso sí, ordenada. Destacan varias pilas de libros, leídos y por leer. De los pendientes puedo llegar a acumular unos diez o doce, la mayoría ubicados ahí y el resto disperso por casa.

Y leídos, porque al terminarlos suelo dejarlos encima de la mesita durante un tiempo hasta que pasan a formar parte de la pequeña biblioteca del estudio. Eso, a menos que se hayan ganado el estatus de texto de referencia y entonces pasan directamente a la estantería situada encima de mi cabecero, permaneciendo así siempre cerca de mi.

Narran temas como el desarrollo individual, el logro o el branding personal. Pero también los hay sobre coaching, marketing empresarial o internet. Novela ninguna, a no ser que sea durante las vacaciones y con un fin casi terapéutico de desintoxicación mental.

Varios de ellos están empezados, unos tres o cuatro. Y eso que me contengo porque si me dejara llevar por mi apetito literario serían muchas más. Pero al tratar de asuntos tan dispares entre sí, no supone problema alguno. Intento exprimirlos hasta el final aunque dado el caso no tengo reparo en abandonarlo. Quizás se lo deba a Paul Valery , aquel poeta francés cuyos textos me acompañaron durante mi infancia en Francia y que afirmó que “los libros tienen los mismos enemigos que el hombre: el fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido”.

Pero afortunadamente “los malos libros provocan malas costumbres y las malas costumbres provocan buenos libros*”. Encierran esa esencia de sabiduría fruto de la vivencias que otros, antes que tu,  han experimentado en sus vidas. Son los errores a no repetir y los aciertos a emular. Pero eso es otro cantar. ¡Que sería de nosotros si aplicáramos a nuestro día a día tan solo el 10% de sus consejos! Porque al fin y al cabo, y como leí no recuerdo donde, lo importante no es lo que sacamos de los libros sino lo que los libros sacan de nosotros. Piensa en ello.

Finalizada su lectura, mis manuscritos suelen acabar bastante maltrechos. Y mas desde que he pasado del lápiz al fluorescente. Sus páginas encierran multitud de anotaciones, pliegues y frases subrayadas. Como en casa compartimos algún que otro gusto literario, esta costumbre acarrea sus pequeños inconvenientes. Y es que a nadie le gusta abordar un manual con el trabajo medio hecho! En estos casos, soy el último en  apropiármelo.

Junto a ellos se amontonan dos o tres pilas de documentos impresos. Mails, ebooks, artículos de prensa, todo a la espera de poder contar con unos minutos para revisarlo. Y un diario. Pero eso es personal.

Hace unos años, no más de cinco, el aspecto de mi mesita era otro. Para empezar, nada de lectura. Si acaso algún número suelto de Asterix y Obelix (enorme Goscinny) y el último de John Grisham. También folletos publicitarios, deformación profesional de aquel entonces, y el marca! Sin olvidar una radio (gracias De La Morena) que ahora sólo hace las funciones de despertador.

Así que la próxima vez que vayas a casa de algún familiar o algún amigo, y si tienes la oportunidad, fíjate en su mesita de noche. Aprenderás mucho sobre esa persona.

¿Y la tuya, como es?

*René Descartes

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